lunes, 6 de diciembre de 2010

CRITICA A LA TELEVISIÓN LATINOAMERICANA (O EXPLICACIÓN DEL PORQUE SOMOS ASÍ)

Antes de comenzar con todo este asunto, con todo este arte de destilar ácido y veneno a través de las letras, cosa que me atrevo a decir, alguien tenía que hacerlo desde hace mucho tiempo, he de explicarles algo acerca de este humilde servidor.

Soy una persona que como todos ustedes hace parte de un hogar que uno podría catalogar como “normal” en donde, como buenos latinoamericanos que somos, el televisor ocupa un lugar primordial dentro de nuestro hogar. Es casi, casi, como un miembro, que digo miembro, el hijo predilecto de la familia. Y la verdad es que todos nosotros, sin excepción, hemos crecido al lado de esta “cajita mágica”, a la cual le creemos lo que dice como si fuera la misma representación de Dios en la tierra (hasta el papa cree eso).

Es bajo este contexto me veo en la noble labor de comentar, en mi humilde opinión, todo aquello que considero debe desaparecer de nuestras pantallas chicas y de nuestra vida, como única solución a tanta mediocridad, y así poder ver si logramos salir de ese atolladero llamado tercer mundo.

Comencemos con la siempre querida telenovela latinoamericana. Y digo querida por no decir menos, porque hasta el día de hoy no comprendo en que momento los protagonistas del culebron de turno se vuelven invitados de honor (o de piedra según el caso) a nuestra mesa, a nuestros sofá e incluso, a nuestra cama, como si fueran uno más de la familia.

Y esta invitación incluye hasta el malo del paseo. Pobre hombre que al final todo le sale mal, porque en la novela latinoamericana así está escrito (si, claro, como no, al malo todo le sale mal…. bah, sino que lo digan aquellos de ladrones de cuello blanco que se dicen padres de la patria).

También se sienta en nuestra mesa la niña buena, la dulce alma de Dios, que siempre lo resuelve todo de la manera que ella considera más lógica e astuta... llorar. Y es de una manera u otra llora... y llora… y vuelve a llorar. Todo parece indicar que a la pobre le pagan por cm3 de lágrima (y si eso fuera así, todas serían millonarias).

En fin, como diría mi abuela este tema tiene, desafortunadamente, “mucha tela para cortar”, así que lo dejaré por hoy aquí, prometiendo alimentar cada vez que pueda y tenga la inspiración, continuar con esta critica destructiva.

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