Tuve muchas horas sin dormir. Una niña en la silla de atrás me golpeaba constantemente el asiento. A un paisa se le perdió la maleta y todo el bus, perdón, avión, le mamó gallo. Ya me sentía en Colombia con tan sólo estar en un avión lleno de colombianitos. No venía preparada, pero al aterrizar el avión todo el mundo aplaudió, y yo lloré. Me recuperé fácilmente y luego vis mis montañitas, y volví a llorar. Sentí como si no hubiese estado aquí en muchos años. Volví a llorar al ver a mi familia, y me entretuve viendo colombianadas cómo el caballito amarrado a la carretilla y el tipo que hace salsa con una estación móvil de ollas. Y sí, luego fui al Bochinche a comerme algo que he comido desde mi infancia, una deliciosa chuletica. Y bueno, cómo el blog es mi gimnasio, (si lo descuido me engordo) me toca meterle manito ya que estoy en un lugar donde hay demasiadas delicias provocativas.
Y hablando de delicias provocativas, me acabo de comer la primera natilla del año! No puedo creer lo feliz que me siento, cómo si por fin volviera a casa después de una larga ausencia. Tengo muchas cosas pensadas para mis escasos ocho días en mi ciudad. Me complace anunciar que el blog ya cuenta con una cámara, de la cual saldrán unas fotos muy prometedoras.
No siendo más, los dejo con está canción muy apropiada para la ocasión.
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